Lumbalgia crónica (dolor lumbar crónico): causas, tipos y tratamiento basado en la evidencia

Escrito por Álvaro Gómez Molina, fisioterapeuta colegiado n.º 10.249 (ICOFM)Revisado el 27/10/2026Cómo elaboramos este contenido

La lumbalgia crónica es el dolor en la parte baja de la espalda que dura más de 12 semanas. En la gran mayoría de los casos no se debe a una lesión grave, sino a una espalda que ha perdido capacidad y a un sistema de alarma que se ha vuelto demasiado sensible. Y eso, aunque ahora no lo parezca, es una buena noticia: hay mucho que puedes hacer para mejorar.

En resumen

  • Es el dolor lumbar que dura más de 12 semanas. En la mayoría de las personas no hay una lesión grave detrás.
  • «Inespecífica» no quiere decir «inventada»: significa que ninguna prueba señala una sola estructura culpable del dolor.
  • El dolor se mantiene por una suma de factores: un sistema nervioso más sensible, el sueño, el estrés, el miedo a moverse y la inactividad.
  • El ejercicio terapéutico, progresivo y adaptado a ti, es el pilar del tratamiento en las guías. La educación en dolor, la terapia manual y los enfoques psicológicos lo complementan.
  • El reposo, las fajas y las resonancias repetidas no ayudan a mejorar.
  • Ve a urgencias si se te acorcha la zona genital, pierdes el control de la orina o las heces, o pierdes fuerza en las piernas.

Qué es la lumbalgia crónica

Lumbalgia es el nombre médico del dolor en la zona lumbar: la parte baja de la espalda, entre las últimas costillas y los glúteos. Se llama crónica cuando dura más de 12 semanas, unos tres meses, ya sea de forma continua o con días buenos y días malos. Lumbago crónico, dolor lumbar crónico y lumbalgia crónica son tres formas de decir lo mismo.

Ese límite de 12 semanas es un acuerdo que usan las guías y los estudios. No significa que en la semana 13 ocurra algo especial en tu espalda. Lo que sí cambia con el tiempo es cómo procesa el dolor tu sistema nervioso, y eso influye en cómo se trata.

Si te pasa, no eres un caso raro. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dolor lumbar es la primera causa de discapacidad en el mundo. Es uno de los problemas de salud más comunes que existen, y también de los más estudiados.

Lumbalgia «inespecífica»: qué significa y qué no

Si en tu informe pone «lumbalgia inespecífica» o «lumbalgia mecánica», puede sonar a que nadie sabe lo que tienes. No es eso. Significa que, tras descartar causas concretas (una fractura, una infección, un tumor, una enfermedad inflamatoria o un nervio comprimido), no se puede señalar una única pieza como responsable del dolor.

Es la situación más frecuente. La OMS recoge que el dolor lumbar crónico primario, el que no se debe a otra enfermedad, supone según las estimaciones habituales al menos el 90 % de los casos de dolor lumbar crónico que se atienden en atención primaria. La serie sobre dolor lumbar que publicó The Lancet en 2018 lo resume así: en casi todas las personas con dolor lumbar no es posible identificar una causa específica.

¿Por qué no se encuentra «la» causa? Porque la espalda tiene muchas piezas que comparten nervios (discos, articulaciones, músculos y ligamentos), y porque los cambios que aparecen en la resonancia son muy frecuentes también en personas que no tienen ningún dolor. Inespecífico no quiere decir imaginario: tu dolor es real. Quiere decir que mejorar no depende de encontrar una pieza rota, sino de recuperar la capacidad de tu espalda y de bajar la sensibilidad del sistema.

Síntomas: cómo suele ser el dolor lumbar crónico

Cada persona lo vive a su manera, pero hay un patrón bastante habitual:

  • Dolor o rigidez en la zona lumbar, a veces hacia los glúteos o la parte de atrás de los muslos.
  • Días buenos y días malos, muchas veces sin un motivo claro.
  • Molestia al pasar mucho rato en la misma postura: sentado, de pie o tumbado.
  • Sensación de espalda «frágil», con miedo a agacharte, a coger peso o a girarte.
  • Cansancio, peor descanso y menos ganas de hacer cosas.

Si el dolor principal baja por la pierna, por debajo de la rodilla, con hormigueo, acorchamiento o pérdida de fuerza, es probable que haya un nervio irritado. Eso ya no es una lumbalgia inespecífica: lo explicamos en ciática y estenosis de canal lumbar y en la página de hernia discal lumbar.

Lumbalgia crónica agudizada: qué es una crisis

Una lumbalgia crónica agudizada es un brote: durante unos días el dolor de siempre sube de intensidad, o te cuesta más moverte. Es muy habitual, porque el dolor lumbar suele comportarse por episodios, con temporadas más tranquilas y otras más intensas.

Que el dolor suba no quiere decir que te hayas hecho una lesión nueva. A menudo la crisis llega después de un pico de carga (una mudanza, un viaje largo, un fin de semana arreglando el jardín), de una mala racha de sueño o de una temporada de estrés. Otras veces no hay un motivo claro, y tampoco pasa nada por ello.

Qué suele ayudar en una agudización:

  • Seguir moviéndote, bajando la intensidad en lugar de parar del todo. Caminar en tramos cortos suele tolerarse bien.
  • Ajustar el ejercicio durante unos días: menos carga o menos recorrido, sin abandonarlo.
  • Recordar qué te funcionó en crisis anteriores. Tener un plan escrito para los brotes quita mucho miedo.
  • Hablar con tu médico si necesitas medicación para el dolor: es quien decide cuál y durante cuánto tiempo.

Consulta pronto si la crisis es distinta de las habituales: dolor que baja por la pierna con hormigueo o debilidad, fiebre, o un dolor que no cambia con nada y te despierta cada noche. Y ve a urgencias ante cualquiera de los síntomas del recuadro de alarma de esta página.

Causas: por qué el dolor se queda

Casi nunca hay una sola causa. Lo habitual es una suma de factores físicos, del sistema nervioso y de la vida diaria que se refuerzan entre sí. Es lo que se llama modelo biopsicosocial (biológico, psicológico y social), y es el marco que proponen las guías actuales para entender y tratar el dolor lumbar.

Un sistema de alarma demasiado sensible

El dolor no es un medidor de daño. Es una alarma que produce el cerebro cuando interpreta que algo puede estar en peligro. Cuando el dolor dura meses, esa alarma tiende a volverse más sensible: salta antes y suena más fuerte. A esto se le llama sensibilización (cuando ocurre en la médula y el cerebro, sensibilización central). Se parece a la alarma de un coche que se dispara con que pase una moto al lado.

Por eso hay personas con una resonancia casi normal y mucho dolor, y otras con una resonancia «fea» y poco dolor. La sensibilización no significa que el dolor esté «en tu cabeza». Significa que el sistema nervioso, que es tan físico como un disco, está amplificando la señal. Y el sistema nervioso es cambiante: igual que se ha sensibilizado, puede volver a calmarse.

Factores que mantienen el dolor (y que no son culpa tuya)

Hay factores que no causan el dolor, pero lo alimentan. Suelen aparecer como consecuencia del propio dolor y, con el tiempo, el círculo se cierra solo:

  • Sueño: el dolor dificulta dormir, y dormir mal baja la tolerancia al dolor al día siguiente.
  • Estrés y preocupación: un sistema nervioso en alerta interpreta más cosas como amenaza.
  • Miedo al movimiento (en consulta lo llamamos kinesiofobia): es lógico tener miedo a moverte si te duele, pero evitar el movimiento hace que la espalda pierda capacidad y que cada gesto parezca más peligroso.
  • Inactividad: menos movimiento significa menos fuerza, menos resistencia y más sensibilidad.
  • Mensajes alarmistas: frases como «tienes la columna de una persona mayor» o «no vuelvas a coger peso» generan miedo y hacen que protejas la espalda más de lo necesario.
  • Trabajo y entorno: un puesto que no puedes adaptar o la falta de apoyo también pesan.

La parte buena de esta lista es que casi todo se puede trabajar. Y cuando se mueve una pieza, el resto suele moverse con ella.

Cuándo sí hay una causa específica

En una minoría de personas el dolor tiene una causa concreta que conviene identificar, porque cambia el tratamiento:

  • Irritación o compresión de un nervio, por ejemplo por una hernia discal lumbar: el dolor principal baja por la pierna.
  • Estenosis de canal lumbar: estrechamiento del canal por donde pasan los nervios. Da pesadez o dolor en las piernas al caminar, que mejora al sentarte o al inclinarte hacia delante.
  • Espondilolistesis: una vértebra se desliza sobre la de abajo.
  • Enfermedad inflamatoria como la espondiloartritis: dolor que empeora con el reposo y mejora con el ejercicio, con rigidez por la mañana que dura mucho. Es más típica de personas jóvenes.
  • Fractura vertebral, por ejemplo por osteoporosis.
  • Infección o tumor: son raros, y son el motivo de las preguntas de alarma que te hace tu médico.

Los cambios degenerativos, como la artrosis lumbar o la deshidratación de los discos, aparecen muchísimo en las pruebas, pero por sí solos no explican quién tiene dolor y quién no. Si en tu informe pone «protrusión», te puede ayudar leer qué es una protrusión discal y en qué se diferencia de una hernia.

Diagnóstico y pruebas: ¿necesito una resonancia?

El diagnóstico de la lumbalgia crónica se basa sobre todo en la entrevista y la exploración. Tu médico o tu fisioterapeuta buscarán señales de alarma, comprobarán si hay afectación de algún nervio (fuerza, sensibilidad y reflejos) y valorarán qué te limita y qué factores mantienen el dolor.

En la mayoría de los casos no hace falta una resonancia. La guía NICE (el organismo que elabora las guías clínicas del sistema sanitario británico) recomienda no pedir pruebas de imagen de forma rutinaria para el dolor lumbar fuera del ámbito especializado. Y la serie de The Lancet señala el exceso de pruebas de imagen como uno de los problemas en la atención del dolor lumbar.

Hay otra razón: la resonancia ve demasiado. Una revisión de 33 estudios con 3.110 personas sin dolor de espalda encontró degeneración discal en el 37 % de las personas de 20 años y en el 96 % de las de 80. Sus autores concluyen que muchos de estos hallazgos forman parte del envejecimiento normal. Si te hacen una resonancia sin necesidad, es fácil que aparezca algo que te asuste y que no tenga nada que ver con tu dolor.

Sí tiene sentido una prueba de imagen cuando:

  • Hay señales de alarma (las del recuadro de urgencias de esta página).
  • Se sospecha una causa específica, como un nervio comprimido con pérdida de fuerza o una enfermedad inflamatoria.
  • Se está valorando una cirugía u otro procedimiento y el especialista necesita ver la anatomía.

Si ya tienes una resonancia, guárdala y llévala a la consulta. Solo recuerda leerla junto con tus síntomas, nunca por separado.

Tratamiento de la lumbalgia crónica según las guías

Las guías clínicas de referencia (NICE en el Reino Unido, el American College of Physicians en Estados Unidos y la OMS) coinciden en lo esencial: primero los tratamientos activos, combinados según la persona, y prudencia con la medicación, las pruebas y la cirugía. No hay una técnica milagrosa. Hay una combinación que se ajusta a ti.

Ejercicio terapéutico: el pilar

El ejercicio es el tratamiento con más respaldo. Una revisión Cochrane de 2021, que reunió 249 ensayos, concluyó con certeza moderada que el ejercicio probablemente reduce el dolor en la lumbalgia crónica frente a no tratarla, al tratamiento habitual o a un placebo. El efecto no aparece de un día para otro: se construye con semanas de constancia.

¿Qué ejercicio? Las guías no señalan un tipo único como el mejor. El American College of Physicians incluye entre sus opciones el ejercicio, el yoga, el taichí y el control motor, y NICE pide elegir el tipo según las necesidades, preferencias y capacidades de cada persona. Lo que marca la diferencia es que el ejercicio:

  • Esté adaptado a lo que puedes hacer hoy y a lo que quieres recuperar.
  • Progrese de forma gradual: un poco más de carga, de recorrido o de tiempo a medida que tu espalda responde.
  • Te guste lo suficiente como para mantenerlo.
  • Incluya, poco a poco, los movimientos que ahora te dan miedo, porque recuperar la confianza también forma parte del tratamiento.

Es normal notar algo de molestia al empezar. Una molestia leve que se calma en las horas siguientes no es una señal de daño. Si el dolor se dispara y dura más de un día, la dosis era demasiado alta: se ajusta, no se abandona.

Educación en dolor

Entender por qué te duele cambia cómo te duele. La educación en neurociencia del dolor explica con ejemplos sencillos cómo funciona la alarma del sistema nervioso y por qué un dolor persistente no equivale a una espalda rota. La investigación sobre esta forma de explicar el dolor, revisada por Moseley y Butler, sugiere que entenderlo ayuda a vivirlo como menos amenazante y facilita volver a moverse. NICE recomienda dar en todas las fases del tratamiento información adaptada a cada persona sobre el dolor lumbar, y animarla a seguir con sus actividades normales.

Terapia manual: un complemento

La manipulación, la movilización y el masaje pueden aliviar a corto plazo y hacer más fácil moverse. NICE los contempla solo como parte de un tratamiento que incluya ejercicio, no como tratamiento aislado. Úsalos como puente hacia el movimiento, no como sustituto.

Enfoques psicológicos y tratamiento multidisciplinar

La terapia cognitivo-conductual, el mindfulness y otros enfoques psicológicos figuran entre las opciones que recomiendan el American College of Physicians y la OMS. No se proponen porque el dolor sea «psicológico», sino porque ayudan a romper el círculo de miedo, evitación y mal descanso que lo mantiene.

Cuando el dolor limita mucho, la rehabilitación multidisciplinar (fisioterapia, psicología y medicina trabajando de forma coordinada) reduce el dolor y la discapacidad más que la atención habitual, según una revisión Cochrane publicada en el BMJ.

Fármacos y procedimientos: los decide tu médico

Algunas personas necesitan medicación en ciertos momentos. Las guías la sitúan como apoyo, no como base: el American College of Physicians la plantea cuando las medidas no farmacológicas no han sido suficientes, y NICE no recomienda los opioides para el dolor lumbar crónico. Qué fármaco, a qué dosis y durante cuánto tiempo lo decide tu médico, teniendo en cuenta tus otros problemas de salud.

En casos seleccionados de dolor crónico que no ha mejorado con el tratamiento conservador, el especialista puede valorar procedimientos como la denervación por radiofrecuencia de las articulaciones facetarias. En cambio, NICE no recomienda las infiltraciones en la columna para tratar el dolor lumbar.

Lo que las guías no recomiendan

Saber esto también es útil, porque te ahorra tiempo, dinero y frustración:

  • Reposo: la serie de The Lancet señala el uso excesivo del reposo como uno de los errores habituales en el manejo del dolor lumbar. Quedarte quieto no protege la espalda: la desentrena.
  • Fajas y corsés: ni NICE ni la OMS los recomiendan.
  • Tracción: tampoco la recomiendan.
  • Ultrasonidos, TENS y corrientes interferenciales como tratamiento del dolor lumbar: NICE no los recomienda.
  • Opioides para el dolor lumbar crónico.
  • Pruebas de imagen repetidas sin un cambio clínico que lo justifique.
  • Fusión vertebral o prótesis de disco para el dolor lumbar sin otra causa: NICE no las recomienda fuera de ensayos clínicos.

Que algo no esté recomendado no quiere decir que nunca haya aliviado a nadie. Quiere decir que, cuando se estudia en muchas personas, no compensa como tratamiento.

Vida diaria, trabajo y deporte

Mantener tu vida en marcha forma parte del tratamiento. No es algo que se deja para cuando ya no duela.

En el trabajo

NICE recomienda facilitar la vuelta al trabajo y a las actividades normales. Si trabajas sentado, lo que más ayuda no es encontrar la postura perfecta, sino cambiar de postura a menudo: levantarte, caminar un poco, alternar. Si tu trabajo es físico, suele ser más útil adaptar la carga durante un tiempo que dejarlo del todo, siempre de acuerdo con tu médico y con tu empresa.

Sueño

No hay un colchón ni una postura que sirvan para todo el mundo. Busca la que te deje descansar. Horarios regulares, algo de actividad física durante el día y un plan para cuando el dolor te despierte suelen ayudar más que cambiar de colchón cada año.

Deporte

Con lumbalgia crónica se puede hacer deporte, y casi siempre conviene. Caminar, nadar, montar en bici, entrenar fuerza o hacer pilates son buenas opciones. Si practicabas un deporte que te gusta, el objetivo suele ser volver a él con una progresión, no abandonarlo. Si además tienes artrosis, en esta página sobre pesas y artrosis lumbar explicamos cómo empezar a entrenar con cargas.

¿Y la cirugía?

En la lumbalgia crónica inespecífica, la cirugía no es el tratamiento de elección: NICE no recomienda la fusión vertebral ni la prótesis de disco para el dolor lumbar fuera de ensayos clínicos. Otra cosa es cuando hay una causa específica, como un nervio comprimido con pérdida de fuerza, un síndrome de cola de caballo o una estenosis que limita mucho y no mejora con el tratamiento conservador. En esos casos la cirugía puede ser la opción correcta, y la decisión se toma con el cirujano.

Pronóstico: qué puedes esperar

Con honestidad: la lumbalgia crónica no suele desaparecer de un día para otro, y tampoco es una condena. Un metaanálisis que siguió a miles de personas con dolor lumbar mostró que, en quienes tenían dolor persistente, el dolor bajaba de forma clara en las primeras semanas tras consultar y después seguía mejorando más despacio. Al cabo de un año, muchas personas mantenían algo de dolor, de leve a moderado.

Detrás de ese promedio hay mucha variedad: hay quien se queda casi sin dolor y quien convive con molestias leves y algún brote que aprende a manejar. Y lo que haces importa: los tratamientos activos que recomiendan las guías buscan precisamente mover esa evolución a tu favor. Lo desarrollamos en ¿La lumbalgia crónica tiene cura?, junto con los factores que se asocian a una mejor evolución.

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Referencias

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Este contenido es informativo y no sustituye la valoración individual por un profesional sanitario. Si tienes síntomas de alarma, acude a urgencias o llama al 112.

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